La olimpiada de los Pins

Las inmediaciones del Parque Olímpico de Londres ha vuelto a reunir a los concienzudos coleccionistas de pines que acuden puntualmente a todos los Juegos para conseguir nuevas piezas, una tradición que se remonta a Moscú 1980.

A las puertas de la estación de Stratford, junto a la puerta del centro de prensa y la Villa Olímpica, se ha instalado el campamento de coleccionistas de Londres 2012.

Allí una fila de aficionados a las insignias olímpicas, que han llegado principalmente desde España, Canadá, Estados Unidos, Rusia y China, despliegan en sus chalecos, sábanas y tablas forradas de fieltro su colección e intercambian sus pines con quien pasa por allí.

“Desde Barcelona 92 dedico mis vacaciones a esto”, explicó hoy a Efe el español Frederic Garriga que con los de Londres ya ha pasado por nueve Juegos Olímpicos.

En el suelo muestra las piezas de su colección que pretende cambiar por otras de nuevas Londres, una actividad a la que dedica más de diez horas diarias.

Las normas prohíben la compraventa, por lo que la única opción posible es el intercambio: los coleccionistas valoran los que otros aficionados les ofrecen y llevan a cabo el trueque.

“El más apreciado es el que no tienes” cuenta el empedernido coleccionista que estará en Londres durante todos los Juegos y que se queja de que de momento no ha conseguido lo que quería.

Garriga señala que a pesar de estar prohibido el comercio en otros Juegos Olímpicos las autoridades hacían la vista gorda como en China y podían venderse o comprarse piezas que interesaban especialmente.

“Aquí es imposible. Si te pillan te ponen una buena multa”, se lamenta.

A su lado se instala Antoni Papió, otro español residente en Andorra, que centra sus esfuerzos en conseguir insignias de medios de comunicación de todo el mundo.

Los de Londres son sus sextos Juegos e insiste en que los mejores fueron los Pekín 2008.

“Fue extraordinario, a nivel coleccionismo pero también por la ciudad”, señala el español que define a los coleccionistas olímpicos como “una pequeña familia de buitres”.

“Nos conocemos todos. Nos respetamos y nos llevamos bien. La mayoría somos de países donde se han celebrado unos Juegos. Una vez que vives la experiencia te engancha”, comenta mientras hace gestos para entenderse con un asiático interesado en algunas de sus piezas.

Algunos de ellos, como Papió, no hablan inglés, pero no les echa atrás a la hora de negociar el intercambio que se lleva a cabo ante la mirada de numerosos curiosos.

Una veintena de coleccionistas forman a diario una fila a las puertas de la estación, pero debido a las restricciones impuestas por los organizadores en Londres 2012 son muchos menos que en otros Juegos, según cuentan los allí presentes.

Los pines más codiciados entre los coleccionistas son los japoneses, ya que son “los más elaborados y los que se hacen en ediciones más cortas”, explica Papió.

Luis Calderón, un peruano residente en Atlanta (Estados Unidos), que cuenta con una colección de más de 50.000 piezas, se introdujo en este mundo durante los juegos de verano de su ciudad en 1996 y ya lleva cinco citas olímpicas.

“Es una oportunidad única para conocer las ciudades y el ambiente olímpico mientras que das rienda suelta a tu afición”, comenta mientras exhibe en el suelo parte de su colección centrada en disciplinas deportivas.

Fuente: La informacion

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