“El Laberinto” hara honor a su nombre con más de 80.000 volumenes

En el Laberinto hay prensas antiguas y estanterías, páginas que conocieron siglos y precios con la €, de ayer mismo, detrás de un número, mesas y sillas para sentarse a conversar, pero no hay por ahora caja registradora ni lector de tarjetas de crédito. En el laberinto hay un orden exquisito, profesional, para contrarrestrar la pasión dulce y objetivamente desordenada por esos objetos que se depositan como pájaros delicados y se abren como obras de arte minuciosas y deleitables desde el lomo robusto hasta las páginas nada ajadas por el tiempo y los usos.

En el laberinto, dicen, se irá menos a comprar o vender que a conversar y estar, como si la vida fuese por allí tan pausada como el río que discurre a pocos metros. El laberinto tiene poco de tal, porque este laberinto es pulcro y diáfano, y quien se pierde será porque quiere parar el tiempo estando entre libros. En las columnas del laberinto, en cemento sin cal, hay escritos con rotulador versos de Wislawa Szymborska y textos de Borges sobre libros y laberintos.

Todavía hay que esperar a la caída larga de estas tardes primaverales para cruzar el umbral y entrar al laberinto o, más propiamente, a «El Laberinto», la librería de anticuario que se está gestando en estos días en la Ribera y que abrirá sus puertas al público el próximo mes de junio. En tiempos hubo en Córdoba sitios donde se podían comprar libros antiguos, pero «El laberinto» no es una librería de viejo abigarrada y gótica, sino un lugar en el que los libros se ofrecen en secuencia perfecta para que el amante del objeto o el seguidor del contenido los encuentre sin detenerse.

Daniel Rodríguez Cibrián es el guardián del laberinto. Salmantino de nacimiento, ha vivido entre libros en su trabajo como bibliotecario profesional, ahora en la Universidad de Córdoba, y también en su vida de bibliófilo, que le ha llevado de cita en cita buscando volúmenes antiguos y valiosos. En la tienda que abrirá en la Ribera habrá unos 10.000 volúmenes, pero en total son más de 80.000 los que ha ido reuniendo a lo largo de los años y los que ahora pone a disposición del público en un abanico de precios y de calidades muy variado.

Al fondo, en las estanterías menos a la vista, están las joyas de la corona, libros desde los siglos XVI hasta el XVIII. Entre ellos, uno que muestra como un tesoro, una obra de Juan Luis Vives fechada en 1542, pero también obras de las centurias siguientes tenidas por rarezas y de gran valor. Arquitectura, teología, comentarios bíblicos, breviarios y artes se entrelazan en volúmenes que cuentan su vida por siglos, y que obligan al bibliotecario y futuro librero a reflexionar. «Hace unos años existían unos discos informáticos que se llamaban “floppy”, muy grandes. Hoy no hay manera posible de leerlos; están obsoletos. Estos libros se pueden seguir leyendo varios siglos después, aunque para algunos sea necesario saber latín», dice para defender lo imperecedero de la cultura impresa. Algo antes, se llega a una de las zonas más copiosas, la de los libros del siglo XIX, una de las etapas doradas para la difusión de la lectura. Daniel muestra «La caza de los amantes», una novela romántica editada con el mimo y el lujo propio de esta época, tanto en el lomo como en las ilustraciones. Como ella hay muchas. Por otras partes abundan las novelas que se vendían a precios populares y por temas, las colecciones temáticas o de autores, muchas de ellas entre los siglos XIX y XX, y valiosos ejemplares impresos a comienzos de la centuria anterior que a más de un apasionado de la historia o la literatura le harán abrir los ojos como platos.

«El laberinto» será difícil de entender sin la presencia de Sebastián de la Obra. El bibliotecario e impulsor de la Casa de Sefarad se afana en estos días en la clasificación de las obras. «Aguilar es mi editorial favorita. Nadie ha publicado con la calidad con que lo han hecho ellos», cuenta al colocar unas Obras Completas de Federico García Lorca. Los libros son aquí contenidos, pero también objetos, y hasta los marcapáginas y los lomos pueden ser singulares. En las primeras páginas, anotadas a lápiz, están los precios de muchas obras, pero «El Laberinto» no será un sitio sólo para comprar. «Será una librería de sentarse y estar, un velador de discusión y crítica», cuenta en una de las mesas con sillas, siempre de aire antiguo. ¿Algo así como un bar sin cervezas ni tapas ni arroz los domingos, pero sí con libros? Se puede decir que sí, porque quienes lleguen podrán sumergirse en las estanterías sin prisas y estar varias horas, aunque sea sin comprar. «La rentabilidad llegará en la tercera generación», dice el promotor, alejado de cualquier idea de enriquecimiento. Menos una tienda que un laboratorio cultural, quieren sacar veladores a la calle y hasta Sebastián de la Obra anda haciendo planes de salir a calle, como los relaciones públicas de las discotecas pero en lo cultural, para trabar conversación con los viandantes.

Meses temáticos

Más proyectos: cada mes se dedicará a una tema concreto y habrá una estantería sobre ello. Ya están listas las obras sobre la Guerra Civil, pero Daniel y Sebastián no se han quedado en la bibliografía clásica de Hugh Thomas. Obras de exaltación de un lado y otros, crónicas de batallas decisivas y cupones de racionamiento de los dos bandos, porque otras de las vocaciones, aunque ya minoritaria, de esta casa, será el coleccionismo. Hay una pregunta que flota en el aire para el bibliófilo, que acaba de contar sus viajes por las ferias y las librerías recónditas en busca de sus obras. ¿Cómo se desprende de ellas? En realidad, lo más valioso, los tesoros de la biblioteca, no estarán a la venta, aunque habrá un catálogo con todas las obras, los que estén a la vista de los visitantes del laberinto y los que no. Aquí estarán sólo aquellos libros los de un bibliófilo no tendrá que sufrir mucho si las ve salir.

ABC, Blanco y Negro y La Codorniz

«El laberinto» tiene sitio para cultura impresa que no es en forma de libros. Algunas de las publicaciones periódicas más importantes de España forman parte de su fondo. Daniel Rodríguez y Sebastián de la Obra muestran los ejemplares de los ABC de Sevilla y Madrid que formarán parte de las estanterías dedicadas a la Guerra Civil, y que muestran cómo la historia de España pasa inevitablemente por esta casa. También Blanco y Negro, con espectaculares portadas artísticas, está presente. No faltan publicaciones míticas en España, como la revista de humor «La Codorniz», y colecciones de tebeos desde mediados del siglo XX.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: