La batalla por controlar el futuro de los libros electrónicos

Era un secreto a voces, y finalmente se confirmó: el gobierno estadounidense juzga que Apple y cinco importantes editoriales se aliaron para pactar el precio de los libros, y planea demandarlas.

Tres de las editoriales se reconocieron culpables, y aceptaron un arreglo fuera de la corte.

Detrás asoma la batalla por controlar el futuro de los libros electrónicos. De un lado del ring está Amazon, el gigantesco supermercado de internet, y del otro las editoriales. Y la decisión del gobierno estadounidense es un duro golpe para ellas.

Hasta hace poco, las editoriales fijaban el precio de los libros, y los vendían a los minoristas por un porcentaje, generalmente el 50%. A su vez, los minoristas tomaban ese precio como base, pero podían revenderlos al que desearan.

Amazon aceptó el modelo, pero comenzó una agresiva política de ventas de libros electrónicos a 9.99 dólares, aunque eso se tradujera en una ganancia mínima, e incluso pérdidas.

A pesar de los muchos libros electrónicos que estaban vendiendo, las editoriales se inquietaron. Amazon no peleaba por tener utilidades en el corto plazo, sino por establecer su lector Kindle como el estándar para los libros electrónicos. Lo conseguiría si mucha gente lo compraba. Para lograrlo, necesitaba hacerlo atractivo.

Ofrecer libros más baratos que la competencia era la manera, incluso si perdía dinero.

Muchos lectores en cambio se escandalizaron: ¿cómo era posible que en otras tiendas la misma novela se vendiera por 25 dólares? No conocían la maniobra que había detrás, pero tenían razón en quejarse de que las editoriales mantuvieran los precios de siempre, a pesar de que ya no tuvieran costos de impresión y siguieran dando el mismo mísero porcentaje a los autores.

En efecto, las editoriales no son ningunas hermanas de la caridad. Pero se resignaron a la estrategia de Amazon, porque no hacerlo suponía dejar de vender en la tienda más popular.

Entonces Apple lanzó el iPad, y ofreció a las editoriales vender con el llamado modelo de agencia. Ellas podían fijar el precio que quisieran, y Apple se quedaría con un 30%, además de acordar que las editoriales no dejarían vender a nadie por debajo de los precios fijados para la iBookStore.

Las editoriales aceptaron, en parte porque Apple tenía bien engrasado su modelo de ventas, y en parte porque la gente se arrebataba los iPad, pero principalmente porque controlarían el precio y sus ingresos serían mayores.

¿Quién pagaba la diferencia? El lector, por supuesto. Y precisamente por eso el gobierno estadounidense decidió forzarlas a romper el acuerdo. Lo que, en la práctica, significa que Amazon puede seguir vendiendo a precios tan bajos, que acabará con la competencia.

Amazon lo ha llamado “un gran triunfo para los usuarios de Kindle”. Puede ser. Pero lo que es bueno para ellos no necesariamente es bueno para los lectores en general: lo ideal es que los libros electrónicos estén disponibles en la mayor cantidad de plataformas posibles, y no se casen ni con un soporte ni con un minorista.

Si eso ocurre, el canal de ventas puede terminar dictando las reglas al productor. Y un monopolio podría fijar precios más altos para incrementar sus ganancias, o exigirle a las editoriales que rebajen sus precios, lo que haría que éstas, al ver reducidos sus márgenes, dejaran de publicar los libros menos comerciales.

Así que, aunque libros más caros pueden parecer malas noticias para los lectores, en el largo plazo no necesariamente lo son. Y viceversa.

Fuente: Vanguardia

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