Preferimos las pantallas a los libros

Un hogar medio español dedica algo más de 2.000 euros al año al consumo de ocio, lo que representa en torno al 7% de su presupuesto familiar.  Son los datos que ha revelado un estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) presentado ayer.

El nivel socioeconómico de los hogares es determinante en cuanto al gasto en ocio. Mientras que los hogares más modestos dedican a esa partida apenas el 3,6% de sus gastos (unos 500 euros al año), esta cifra se dispara a casi el 9% en los hogares que reciben más de 5.000 euros al mes, con un gasto total de más de 5.500 euros anuales.

La tele sigue siendo la principal fuente de ocio

El mayor tiempo de ocio lo pasamos delante del televisor. Un 84,5% de los españoles ve la tele a diario, o casi a diario, hasta el punto de que en 2010 se registró un nuevo récord absoluto: 234 minutos de consumo televisivo por persona y día, un 22% más que hace veinte años. Los géneros más consumidos son el deportivo y las grandes series, en ese orden.

Los hábitos no han cambiado mucho con la llegada de Internet, pero sí han trastocado los tiempos de consumo. En primer lugar porque hay un estrato poblacional, de los 13 a los 24 años, que se baja las series de televisión y las consume en la pantalla del ordenador en horarios ya desvinculados de los de programación. En segundo, porque hay contenidos audiovisuales que no provienen de la televisión y que son masivamente consumidos entre los jóvenes. Como asegura Berta Álvarez-Miranda coordinadora del estudio, en el caso de los vídeos, “España es el país europeo que más utiliza YouTube por ordenador, ya que el 87% de internautas utiliza ese medio”. El porcentaje es mucho menor en el teléfono móvil (16%).

Respecto a los videojuegos, España es el cuarto país europeo por su utilización, un 42,4% de los adolescentes juega habitualmente. Este tipo de ocio provoca que el consumo televisivo de los adolescentes, 148 minutos diarios, sea menor que en los adultos.

El cine aguanta, la música se desploma

En cuanto a los consumos de otros productos culturales, estamos en una situación paradójica, ya que, como asegura Álvarez-Miranda, “la oferta se ha diversificado enormemente en materias como artes plásticas, música, películas o libros, pero las ventas se han concentrado”. “En lo que respecta al cine, por ejemplo, se acude a las salas a ver las grandes producciones”, explica la coordinadora del estudio, “aun cuando luego se ve otro tipo de cine en el ordenador”. La industria del cine está sometida a una gran mutación motivada por internet. En los últimos años se estrenan menos películas, en menos salas (entre 2004 y 2011 se ha pasado de alrededor de 4.400 salas a cerca de 3.900). El público acude a los cines sobre todo para ver los grandes éxitos americanos (en la última década se han dejado de vender cerca de 35 millones de entradas). Cada vez compra o alquila menos DVD -de suponer 735 millones de euros en 2004 ha pasado a unos 400 millones en 2010-. Por el contrario, se ve más cine en Internet: casi la mitad de los jóvenes entre 15 y 24 años dicen haberlo hecho en los últimos tres meses, según una encuesta de 2010.

Preferimos las pantallas a los libros

Aunque cada vez más españoles participan de las actividades de ocio, y son éstas más diversas, quedan lagunas importantes. Destacan entre ellas la escasa extensión del hábito de la lectura y de la práctica deportiva, en comparación con algunos otros países de nuestro entorno; el extendido hábito de ver televisión, con escasos contenidos educativos; un público concentrado en las superproducciones cinematográficas más taquilleras y alejado del cine de autor; una deficiente educación musical en las escuelas y una parte de la población excluida permanentemente de la experiencia turística.

Seguimos leyendo poco, pero no es el ocio digital el que amenaza la lectura, al contrario. Según este estudio, quienes más utilizan los nuevos medios de reproducción cultural son las personas lectoras. Los que sí parecen amenazados son los soportes tradicionales del arte: la facturación de música grabada ha descendido en 75 millones de euros entre 2008 y 2010 mientras aumentan las descargas gratuitas en la red y las suscripciones a servicios digitales de música.

Fuente: El Confidencial

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