XXXII Premio de las Letras Catalanas Ramon Llull

Imma Monsó, escritora y columnista de La Vanguardia,  ha obtenido en Barcelona el XXXII Premio de las Letras Catalanas Ramon Llull, el mejor dotado en la literatura catalana con 90.000 euros, con la novela La dona veloç, en la que trata sobre la percepción que se tiene del tiempo en la actualidad.

En rueda de prensa, Monsó ha explicado que su obra, que considera una de las más ambiciosas de su trayectoria, está protagonizada por una psiquiatra de 48 años, que siempre corre y con una percepción del tiempo distorsionada, al límite del transtorno, con un lema principal en su vida: “Cuanto antes mejor”.

El secretario del jurado, Emili Rosales, que antes de hablar sobre el libro ha querido tener un recuerdo para el recientemente fallecido Carlos Pujol, ha indicado que se trata de un relato con personajes fascinantes, de mucho calado, que se van desarrollando con la historia, hasta el punto de acabar sorprendiendo todos ellos.

“Soy rápida, no lo puedo evitar” es la primera frase del primer capítulo de una novela que también trata, según su autora, de alguien que, a pesar de su ritmo veloz, tiene una vocación de lenta, contemplativa, de poeta, de ensimismarse, aunque no sabe.

La velocidad a la que se alude puede entenderse, en su opinión, como una metáfora del tiempo que vivimos, que se nos ha escapado de las manos, donde lo instantáneo y lo inmediato lo dominan todo, siendo la fuente de todos los males que vivimos, de los éticos a los económicos.

La escritora, de origen leridano, defiende que la supremacía del tiempo sobre el espacio es un hecho consumado, que hace tiempo anunció una nueva época. Asimismo, a lo largo del volumen ofrece un retrato de familia, con sus peculiaridades, un tema que gusta a Monsó, con personajes que supone, como ya le ha ocurrido con otras novelas, dirán que son peculiares.

Aborda, igualmente, las relaciones entre una hija y un padre, un cirujano vascular, ya anciano, amante de la música, aunque lamenta no haber tenido la suficiente sensibilidad para haberse dedicado a ella.

Una casa con jardín, de provincias -podría ser parecida a la familiar de Monsó en Lleida- es el único espacio concreto de la novela, aunque el lector sabrá que Agnés, la veloz protagonista, vive en Barcelona.

La dona veloç, por otra parte, puede verse como un homenaje a la amistad en mayúsculas, la que dura siempre. Además, su creadora advierte que cuenta con un final más que sorprendente: “Es tan imprevisto que ni la propia narradora lo ha podido adivinar. Cambia toda la historia”.

Respecto a cómo surgió la idea de la narración, Monsó reconoce que cada uno de sus libros responde a preguntas y perplejidades de una etapa de la vida, pero en este caso es una novela que hacía muchos años que llevaba dentro, a la que andaba dando vueltas, también por la diferencia en cómo viven la temporalidad los hombres con respecto a las mujeres.

Haciendo gala de su particular sentido del humor, la columnista de La Vanguardia ha aseverado que ha sido más minuciosa en el retrato de los personajes que en obras anteriores: “Últimamente, con esta ansia de recortar que hay, demuestro que, si se hacen esfuerzos para no recortar, se puede conseguir.

Reivindicando tal como ha hecho en anteriores ocasiones el acto de la lectura, ha remarcado que en tiempos de crisis y de desánimo, la narrativa, la poesía, la literatura son un refugio, un paraíso para los sentidos y para el intelecto: “Cuando vengan mal dadas, siempre nos quedará la lectura, que es gratis”.

La entrega del premio Ramon Llull, cuyo jurado estaba formado por Sam Abrams, Laura Borràs, Leonello Brandolini, Teresa Colom, Pere Gimferrer, Gemma Lienas y Emili Rosales, ha tenido lugar en el Palau de la Generalitat, en un acto presidido por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, al que también han asistido otras personalidades como el jefe del Gobierno de Andorra, Antoni Martí, y el director del Institut Ramon Llull, Vicenç Villatoro.

La obra ganadora será editada en catalán por Planeta y traducida al castellano y al francés por la prestigiosa Robert Laffont, algo que le hace especial ilusión a Monsó, que estudió Filología Francesa.

Imma Monsó, del premio Ribera d’Ebre al Ramon Llull

Imma Monsó empezó a ser conocida por el gran público cuando obtuvo hace tres lustros el pequeño premio Ribera d’Ebre con los cuentos de Si és no és. Hoy se ha hecho con el Llull, el mejor dotado de las letras catalanas, cuando ya es considerada como una de las mejores escritoras de su generación.

Nunca se sabe, galardonada con el XXI Premio Tigre Juan a la mejor novela publicada en España en 1997; Como unas vacaciones, premio Prudenci Bertrana; Mejor que no me lo expliques, premio Ciutat de Barcelona; o Un hombre de palabra, con el que obtuvo el Salambó, el Terenci Moix y el Maria Angels Anglada, son algunas de sus obras más alabadas y que han obtenido el favor de crítica y público.

Nacida en Lleida en 1959, aunque reside desde hace años en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), sus obras nunca evitan su ‘monsoniano’ sentido del humor y su habitual mirada irónica, quizá porque así puede abordar cuestiones trascendentales como la enfermedad o la muerte tomando una cierta distancia.

Estudiante de filología francesa en su juventud y especializada en lingüística aplicada en las universidades de Estrasburgo y Caen, actualmente ejerce como profesora a tiempo parcial y dice que la relación con sus lectores en estos dieciséis años en los que ha ido presentando sus obras por el territorio son siempre gratificantes.

Articulista habitual en medios como La Vanguardia, donde los sábados publica una columna, Monsó ha cultivado varios géneros literarios, como el cuento, con el que, justamente, se dio a conocer.

Las relaciones de pareja, la felicidad o la dificultad de la comunicación humana están detrás de muchas de sus historias, aunque también ha utilizado la palabra para conjurar la añoranza que siente por la muerte de quien fue su compañero entre la primavera de 1987 y un viernes de otoño del año 2003.

Un hombre de palabra es donde recrea e interpreta a través de la literatura una historia de amor absoluto y lo que supuso para ella, cuando contaba 43 años, perder a un ser tan querido.

Su última novela publicada, de 2009, es Una tormenta, editada por RBA/La Magrana, con la que quiso explorar la tensión entre un escritor y sus lectores. Precisamente, se le ha preguntado a Imma Monsó por el hecho de haberse presentado a un premio convocado por Planeta, cuando ella siempre ha estado en órbita de La Magrana.

“Mi trayectoria en esta editorial ha sido muy bonita. Unos tiempos inolvidables y con grandes editores. Pero las cosas en la casa han cambiado y me venía de gusto iniciar una nueva etapa”, ha explicado. Otras de sus obras son Marxem papà. Aquí no ens hi volen, Tot un caràcter y L’escola Estrambota.

Sus libros han sido traducidos a varias lenguas como el castellano, el húngaro, el italiano y el neerlandés y, ahora, gracias al Premio Llull y a su La dona veloç, que estará en las librerías a partir del día 8 de marzo, se podrá leer en francés, lo que le hace especial ilusión dada su formación en este idioma.

 Fuente: La Vanguardia

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