Las pequeñas librerias se reinventan

Un paseo por algunas de las librerías del centro de Madrid nos enseña que los establecimientos, más o menos especializados, están redefiniendo su espacio. Ahora, junto a la mesa de novedades literarias, venden productos de bazar.

De siempre, además de novelas, poemarios, ensayos o diccionarios, algunos pequeños y medianos libreros optaban, en mayor o menor medida, por ofrecer en sus locales productos de papelería y oficina. No es ninguna novedad. Desde hace años, muchas grandes cadenas de librerías venden agendas, pasa páginas o atriles, junto a los libros más vendidos o las cajas registradoras, dos ubicaciones de paso y mucho tráfico de lectores.

Lo que resulta curioso es que algunas librerías especializadas están reconvirtiendo parte de sus metros cuadrados para ofrecer merchandising o productos complementarios, más o menos vinculados al libro o a la especialidad de su fondo: novela negra, viajes, gastronomía, cine, etc.

Así, no es extraño que un lector curiosee entre los anaqueles y descubra vitrinas o estantes con camisetas, vasos, tazas, utensilios de cocina, mapas, posters, botellas de vino, posavasos, cajetillas de tabaco, marcos digitales, deuvedés de películas, cedés de música, pantuflas, incluso iconografía religiosa, en el caso de librerías dedicadas a esta temática.

Muchos libreros consultados aseguran que este género de bazar deja más margen de beneficio, en términos porcentuales, que lo que proporciona la venta al por menor de una novela, por ejemplo.

Esta estrategia comercial de ubicar pequeños bazares en las librerías no es más que una manera de contrarrestar, en parte, la caída de ventas de libros derivada por la crisis.

Además de esta pérdida de ingresos, los libreros han visto como, en los últimos años, la avalancha de títulos editados genera que un libro dure apenas un mes en la mesa de novedades. Ello aumenta las devoluciones. Así se renueva stock, pero hay una mayor rotación de títulos y una disminución del fondo especializado.

Ahora, la oferta de género ajeno a la literatura parece que ayuda a los ingresos por el despacho de libros. No en vano, esta fórmula ya la llevan adoptando las grandes superficies en sus plantas bajas. Allí, junto a los libros, conviven la prensa, material de oficina, perfumes o joyas y bisutería.

Igual sucede entre las grandes multinacionales de comercio electrónico. La venta online de libros cohabita con el resto de productos culturales, como música o cine, además de informática, imagen y fotografía, o viajes.

Sí resulta curioso que esta estrategia de diversificación de las librerías hacia los objetos de bazar se esté produciendo al mismo tiempo que acontece otro fenómeno de distribución en otro punto de venta.

La próxima vez que bajen a comprar el periódico al kiosco de su barrio, fíjense en que su kiosquero ya vende novelas. Eso sí, los kioscos apuestan por lo más vendido, los best seller o los últimos grandes premios literarios.

Fuente: La Información

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