Lucía Etxeberría dejara de escribir

La escritora española Lucía Etxebarría anunció, a través de su cuenta de Facebook, que dejará de escribir, debido a que las descargas ilegales de su última novela superan los ejemplares vendidos, y reavivó la polémica por la proliferación de ediciones pirata de libros.

“Dado que hoy he comprobado que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio oficialmente que no voy a volver a publicar libros en una temporada muy larga”, informó Etxeberría, ganadora en España del premio Nadal por Beatriz y los cuerpos celestes , en la red social. “A mí no me apetece pasarme tres años trabajando como una negra para ésto.”

El anuncio de la escritora generó, como era de esperar, un enorme revuelo. Su perfil en Facebook, así como el de Twitter , fueron epicentro de mensajes de apoyo y también de crítica. En la microbbloging incluso, Etxeberría se transformó en trending topic debido a la cantidad de reflexiones referidas a su situación.

Hasta hubo lugar para recordarle los 3 mil euros que la escritora debió pagar en un juicio por plagio que le inicio un psicólogo valenciano por haber utilizado sus artículos para escribir una de sus novelas.

“Te hacen trending topic exclusivamente para ponerte a parir (…) He recibido mensajes llenos de odio”, se lamentó sobre la cuestión. “No es un gesto de protesta contra la piratería, es tan simple como que necesito comer para vivir.”

La escritora cuenta que recibe “alrededor de un euro y medio por copia vendida”, aclara que deberían ser dos euros, pero “hay que descontar comisiones de agente, gestor, hacienda y demás”.

El negocio de la piratería de libros

“Los músicos pueden sobrevivir, dado que pueden tocar”, afirmó en final de su anunció Etxeberría. A partir de la carencia de ese tipo de opciones puede comenzar a entenderse las razones del temor de la industria editorial.

La piratería llegó para quedarse, y autores y editores viven aterrorizados “la era del Kindle” (el lector de libros electrónicos creado por Amazon), un territorio para ellos nuevo y aterrador.

Pero no es sólo Amazon, que en última instancia los vende, sino fundamentalmente sitios como Scribd y Wattpad, que permiten a los usuarios a subir contenido de manera irrestricta. Esa libertad permite la proliferación de copias digitales errantes de títulos tan variados como los de la serie de Harry Potter y de best-sellers de Stephen King y John Grisham.

La propia autora J.K. Rowling, le ganó un juicio a eBay, la casa de venta on line de productos varios, que en la India ofrecía a precios accesibles ediciones pirata de su último libro de Harry Potter .

En Argentina, en tanto, entre el 18 y el 20% del volumen vendido por un best seller se piratea en el mercado negro. La cifra corresponde a la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), cuyo vicepresidente, Rodolfo Blanco, señaló en una entrevista con LA NACION que “el fenómeno de la piratería editorial está consolidándose en la Argentina y empieza a amenazar la estabilidad de la industria editorial”.

Según los datos que maneja la entidad, la mayoría de los “libros en listas de los diez más vendidos se comercializan sin dificultades en circuitos marginales con buenos márgenes de ganancia”. Se sabe, en estos puntos de venta ilegal no se tributan impuestos.

Se estima entre 2000 y 8000 ejemplares la tirada de cada título pirateado, aunque esto depende del volumen de venta del best seller en cuestión. “Antes los libros venían de los países limítrofes, pero ahora se imprimen en la Argentina”, señalaron desde Cadra, una asociación que lucha por los derechos de autor de escritores y editores de libros. “Es una cuestión de demanda y de costos de producción y los libros son un 40% más baratos, aunque en muchos casos el texto ni siquiera es el mismo.”

La problemática también afecta a otros países de América Latina. Una anécdota refleja la gravedad de la situación. En 2002, una semana después de que el primer tomo de la autobiografía de Gabriel García Márquez, Vivir para contarla , saliera a la venta con bombos y platillos, una versión pirata se vendía a mitad de precio en las calles de Bogotá. Entonces, el gobierno colombiano decidió tomar medidas para disuadir a los ilegales. Pero con relativa suerte.

Fuente: La Nación

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