Cada maestrillo con su librillo

El fenómeno de las ediciones de autor, entre el negocio editorial y la ilusión de la trascendencia.

En 2007, Luciana falleció abruptamente. Un tiempo más tarde, su grupo de amigas decidió editar la novela que ella estaba escribiendo y que deseaba, en algún momento, publicar. Así fue como El libro de Alba vio la luz a través de la editorial Simurg. El grupo entero colaboró en el proyecto. Una realizó el dibujo de la tapa; otra puso su casa para las reuniones y entre todas lo financiaron. Una tarde de primavera hicieron la presentación en un taller de arte de Barrio Norte. Estuvieron muchos de los que conocían y querían a Luciana. Y todos se llevaron un ejemplar de regalo. Otra parte de los libros circuló por librerías y bibliotecas. Nunca supieron si se había vendido algún ejemplar. Pero a Macarena, una de las impulsoras del proyecto, la emocionó encontrar, dos meses más tarde, un Libro de Alba en los estantes de la librería Cúspide.

Hoy, en su biblioteca todavía hay unos 20 o 30 ejemplares de El libro de Alba . Están lejos de las novelas de KazuoIshiguro o de Julian Barnes, pero tienen un casillero entero para ellos. “Ningún otro libro tiene ese espacio. Me he convertido, de alguna manera, en la custodia de esos volúmenes”, confiesa, orgullosa, Macarena.

Guillermo de Urquiza, creador de la editorial Dunken, explica así el crecimiento de las llamadas ediciones de autor en los últimos años: “Una parte del fenómeno se debe a que el libro está asociado a un anhelo de perpetuidad. La idea de que yo me voy a ir pero mi libro va a quedar todavía es muy fuerte en nuestra cultura”. Ese anhelo de trascendencia puede ser, y de hecho lo es, un gran negocio. En la Argentina, las dos empresas que lideran el sector (Dunken y De los Cuatro Vientos, en ese orden) tienen menos de veinte años de antigüedad y editan unos 900 títulos originales al año entre ambas. Eso significa más cantidad de títulos que los que editarían, también combinadas, Planeta y Sudamericana, si cupiese la comparación. “Hay un boom de la autoedición, y está dado por un cambio tecnológico. Treinta años atrás, para hacer un libro, mi mamá tuvo que vender un Peugeot 404. Ahora, además de haberse acortado los tiempos, capaz que sólo tenés que vender una motito”, dice, entre risas, Pablo Albornoz, creador y director de De los Cuatro Vientos y de Gárgola.

Pero el boom de las ediciones privadas no se agota en el fenómeno de la autoedición. Libros fotográficos de bebés, libros biográficos haute couture , libros infantiles cuyos personajes tienen los nombres de nuestros seres queridos y sitios web que permiten subir el material, editarlo, poner un precio de venta y quedarse con el 80% de las regalías son sólo la punta del iceberg de las nuevas modalidades que están aparececiendo en materia de publicaciones.

En la Argentina, las ofertas varían de acuerdo con las necesidades y los gustos de un universo cada vez más amplio de personas que desean tener o crear un libro propio. Un ejemplo de ello es My Special Book, editorial dedicada a la preservación de historias de vida en ediciones de altísima gama.

La firma, creada por Eduardo Zemborain en 2001, ha inmortalizado desde su fundación historias en más de 300 libros. Y promete seguir haciéndolo con muchas más, mientras la demanda de sus costosas ediciones siga en aumento.

Editoriales vs. ediciones de autor

En nuestro país, el crecimiento de las casas de ediciones privadas no aparece entre las preocupaciones de los responsables de las grandes firmas tradicionales pero en los Estados Unidos, sí. Allí, mientras que las librerías y las editoriales tradicionales aún sienten el golpe de la crisis de 2008, el mundo de las ediciones de autor presenta cifras de crecimiento récord. “Las compañías que les cobran a autores y fotógrafos por publicar su trabajo están creciendo rápidamente, mientras que las editoriales más prestigiosas pierden terreno”, escribió la periodista cultural Mokoto Rich en The New York Times. Su apreciación se sostiene con las cifras difundidas por The National Endowment for the Arts. Según ese organismo, cada vez menos personas están interesadas en leer libros. Paradójicamente, el número de interesados en dar un salto y convertirse en productores de sus propias obras no ha dejado de crecer.

Andrew Pate, vicepresidente de operaciones de la editorial de libros a pedido Lulu, tiene una forma simple de explicar cómo se debe capitalizar la tendencia. “Nuestro éxito se basa en que, cada mes, publicamos entre 10 y 20 mil títulos”, dijo en una entrevista. Esas cifras no han hecho más que alimentar las reservas con las que los editores convencionales ven las empresas de autoedición. Guillermo de Urquiza dice que le molestan los prejuicios. Pablo Albornoz añade que esas reservas no se dan en casos aislados, sino que son moneda corriente entre los colegas editores. Éstos encuentran, a su vez, demasiado desprejuiciados a los dueños de las editoriales de autor y los acusan de publicar sin selección ni filtro de ninguna clase.

Pero esas objeciones tienen sin cuidado a los fundadores de Lulu. No por nada, Bob Young, su creador y gerente, lanzó en 2005 una singular oferta en su sitio de Internet: convertir cartas de rechazo de editores en papel higiénico. Vendía cuatro rollos a 90 dólares. La idea, aunque soez, es gráfica respecto de la forma en que encara su empresa. Y los números parecen darle la razón. En sólo siete años, Lulu ha pasado a ser la compañía de edición de libros por demanda con más crecimiento del planeta. ¿El espíritu del proyecto? Entregarle al autor todas las herramientas para publicar y comercializar su obra por fuera de los circuitos convencionales. Su caso es un éxito en Estados Unidos y en Canadá. Y el fenómeno se repite en lugares como Alemania, España, Francia, México o la Argentina.

En palabras de Eileen Gittings, creadora y ejecutiva de una compañía similar, Blurb, “las personas son productoras ahora, no sólo consumidoras. Tienen montañas de material digital -imágenes, recetas y poesía de wikis, blogs y Flickr- que necesita encontrar su camino hacia el libro. Hay mucho contenido que quiere ser compartido y recordado, y no es posible regalar un sitio web”. Gittings, con una extensa trayectoria en compañías como Kodak y Wall Data, decidió formar su editorial luego de haber descubierto cuán duro y caro era realizar sólo cuarenta ejemplares de un libro fotográfico propio, con calidad profesional. Hoy, cinco años más tarde, Blurb es una exitosa editorial que reportó una facturación de 45 millones de dólares en ventas sólo en 2009.

Con herramientas como Lulu, Blurb, XinXii o Bubok, por nombrar algunas de las más modernas y que ofrecen servicios en español, no sólo los autores se han adueñado de la posibilidad de editar y difundir sus contenidos de forma digital. También han conquistado la facultad de hacerlo en papel y obtener entre el 50 y el 100 por ciento de los beneficios por las ventas.

Devenidos microeditores y micropromotores de sus creaciones, miles de hombres y mujeres han comenzado a repetir lo que ya es un secreto a voces: las ediciones privadas han dejado de ser una zona franca para los rezagados editoriales y han pasado a ser uno de los segmentos más dinámicos y atractivos de toda la industria del libro. Cuando, en mayo de 2005, Enrique N’Haux, un analista económico de la Fundación Mediterránea, supo que estaba por aparecer su libro Maquiavelo no conoció a los argentinos , publicado por De los Cuatro Vientos, nunca imaginó que la primera tirada de 500 ejemplares se agotaría antes de salir a la calle. El libro indagaba el controvertido tema de los sobresueldos durante el gobierno de Carlos Menem, que acababa de suscitar una explosión mediática en todo el país por la repentina aparición de un arrepentido dispuesto a revelar detalles del escándalo. El hecho, que fortuitamente había coincidido con el lanzamiento de la obra, hizo que se convirtiese en un best seller.

“La verdad, yo no pensaba que se fuera a vender mucho. Pero la cosa es que le hicieron una entrevista a Enrique y, al día siguiente, tenía los 500 libros vendidos. Ni siquiera consignados. ¡Estaban vendidos antes de haberlos sacado de la encuadernación!”, dijo a adn Pablo Albornoz. El caso, que ha marcado un hito de ventas en esa firma editorial, concluyó un par de meses más tarde, cuando el tema ya se había enfriado en los medios y la editorial había logrado colocar unas 10.000 copias de Maquiavelo no conoció a los argentinos .

Para N’Haux, el balance de la experiencia fue prometedor. “Mi experiencia en la autoedición ha sido muy positiva, me permitió ser conocido en el peronismo, donde milito, y en los ambientes políticos. En el caso de Maquiavelo no conoció a los argentinos , me ayudó mucho el hecho de que yo había trabajado en la Fundación Mediterránea y en el equipo de Cavallo mientras estuvo en el Ministerio de Economía”, dijo.

A once años de haber creado su emprendimiento editorial, Pablo Albornoz puede jactarse de que la casa de ediciones que dirige es hoy la segunda en importancia en la Argentina. Con 200 títulos publicados al año sólo por De los Cuatro Vientos, más una virtuosa nómina de autores aparecidos en su segundo sello, Gárgola, Albornoz no olvida que sus comienzos estuvieron plagados de privaciones. “Empecé yo solo, durante dos años no tuve ningún empleado. Empecé haciendo el diseño yo mismo y hasta imprimiendo con una maquinita que aprendí a usar para ahorrarme la imprenta”, recuerda en el escritorio de su nueva sede, una coqueta casa en San Telmo con suficiente espacio para sus 15 empleados y un gran depósito repleto de libros.

Tal como él lo entiende, las ediciones de autor no se diferencian de un emprendimiento comercial tradicional. “La autoedición es un servicio. El autor lo abona y si uno lo administra bien, no hay forma de perder dinero con ello”, asegura.

Con la primera ganancia que le dio la editorial, compró una casa y cambió el auto. Luego, cuando ya había conseguido ese primer objetivo, se propuso editar algunos títulos que le interesaban. Inventó entonces otro sello, para evitar forzar una convivencia entre autores consagrados como Dalmiro Sáenz o Alberto Laiseca con los autores noveles. El emprendimiento fue un éxito. En los seis años que Gárgola lleva con sus puertas abiertas al público, ya han aparecido más de cien títulos que se venden en las librerías de todo el país. “De Juan Sasturain tenemos tres, de Dalmiro Sáenz también tenemos tres, de Laiseca tenemos Los Soria (la novela más extensa de la literatura argentina) y vamos a sacar El jardín de las máquinas parlantes . La conclusión, al revisar la historia del sello, es que De los Cuatro Vientos hizo posible que se formara Gárgola. Por eso, irónicamente, siempre pienso que los autores noveles son los cuidadores de Los Soria y de todos los títulos de Gárgola. Por ellos logramos que llegaran libros como Declinación y Ángel , de Antonio Di Benedetto, el único de sus títulos que no tenía Adriana Hidalgo y que, generosamente, le cedí para que hiciera los Cuentos completos “, se jacta, orgulloso, Albornoz.

Entre los secretos de su éxito, no duda en mencionar el posible paso de títulos que llegaron buscando una edición de autor y acabaron siendo publicados por Gárgola. “Este posible vínculo entre De los Cuatro Vientos y Gárgola es lo que nos diferencia de otros que hacen el negocio muy bien pero cuyo trabajo termina ahí, con el libro publicado. Ése es nuestro valor específico -asegura Albornoz-. La posibilidad de sacar un autor de De los Cuatro Vientos y que se conozca es espectacular. Si no pasara eso, me habría aburrido el negocio. Esa posibilidad, por pequeña que sea, es lo que me mantuvo en el rubro.”

Falsas expectativas

Elpidio Isla, cofundador y director de La Fábrica de Libros, tiene una visión diferente sobre el negocio de las ediciones de autor. “Nosotros no somos una editorial. No trabajamos como una editorial sino que fabricamos libros para otros. No hacemos libros como editorial porque es un mercado bastante mal visto hacer libros para escritores que se pagan su propia edición. Entonces, preferimos hacer los libros y no decirle a la gente que se los vamos a distribuir y toda una serie de cosas que después no se realizan”, dice desde el escritorio de su oficina, en el microcentro porteño.

La Fábrica de Libros, el proyecto con el que este viejo lobo de papel ha decidido regresar a escena luego de diez años de silencio, fue concebido bajo una idea original. “En esta empresa, nosotros hacemos desde la escritura hasta la edición, la corrección, la traducción y todo el sistema. Asesoramos también, cuando alguien se quiere hacer un libro, pero no le ponemos nosotros el nombre de la editorial. Cada uno se pone su sello”, asegura Isla.

El problema, según lo entiende, radica en las falsas expectativas de venta y en la falsa presunción de las dotes literarias de los clientes. La realidad, según la ve él, es menos alentadora de lo que suponen muchos de los poetas que llegan hasta su editorial con sus versos bajo el brazo. “Si no editás con una casa importante, las librerías ni siquiera te reciben los libros. Y nosotros se lo decimos a la gente. Por eso, los incitamos a hacer pocos ejemplares”, asegura.

En cuanto a si considera que hay un boom de la autoedición en la Argentina, Isla niega esa posibilidad. “No lo creo. No están dadas las condiciones económicas. En los años 90, por ejemplo, nosotros publicábamos un aviso en Clarín y recibíamos unos 150 llamados. Hoy, no conseguís esa cantidad. Antes, el costo era menor y eso impulsaba a una serie de aventureros que publicaban un avisito y podían encarar una edición de ese tipo. Hoy, hay dos o tres empresas que coparon el mercado: Dunken, por un lado, y De los Cuatro Vientos, por otro. También quedan algunos tipos con prestigio personal que lo hacen muy bien”, dijo.

Además de La Fábrica de Libros, Elpidio tiene su propio sello comercial, Malaespina, por el que publica sus propias apuestas en el campo literario. “A mí me gustaría que La Fábrica de Libros llegase a ser, en algún momento, Malaespina, que es mi otra editorial. Hay un modelo que yo sigo, que es el de Boris Spivacow, porque creó uno de los fondos editoriales argentinos más importantes. A mí me gustaría que La Fábrica creara un fondo editorial para ir hacia un proyecto como Corregidor o como Centro Editor de América Latina”, confiesa.

Libros personalizados

El sector del libro infantil se ha convertido en uno de los pilares de la industria editorial en la Argentina. Sólo en 2009, se imprimieron más de 13 millones de ejemplares de unos 2600 títulos originales en ese rubro. Y junto a la espiritualidad, ha sido uno de los sectores que más crecieron en la última década. Pero una original forma de publicaciones, los “libros personalizados”, ha comenzado a comerse las migas de ese pastel.

La idea es simple y efectiva. Se ofrecen libros infantiles en los que se puede escoger el nombre de los personajes. La impresión del texto es el último paso de la secuencia. Y se realiza de modo casi amateur . De hecho, puede realizarlo una compañía, como Bibliográfika, o un particular, como es el caso de Libros Mágicos, el microemprendimiento que desde hace un año sostienen en su propia casa Cecilia y Gustavo Bonacci. “El emprendimiento comenzó porque somos amantes de los libros -cuenta Gustavo a adn -.Yo soy contador público y licenciado en Administración. Estábamos buscando un proyecto con mi esposa y apareció el tema de los libros personalizados. Era uno de los emprendimientos con franquicia más flexible y de más rápida recuperación del capital.”

Entre las licenciatarias que ofrecen el producto, ellos escogieron la marca Best Personalized Books, una empresa que busca socios pequeños en todo el mundo. Las utilidades se reparten por partes iguales: 50% para la licenciataria y otro tanto para el editor. Quienes acepten deberán promocionar los libros, adaptarlos con los nombres y características de cada cliente y luego editarlos, imprimirlos y entregarlos personalmente. “Comenzamos en 2010 y ya estamos vendiendo 30 libros por mes. Tenemos mil fans en Facebook. Trabajamos en todo el país y hacemos publicidad en Google.Falta difundir mejor lo que hacemos, porque mucha gente no lo conoce. Pero cuando se haga más conocido, va a ser un éxito, porque no es un regalo más, es un regalo inolvidable”, afirma Bonacci.

En la Argentina, la licencia de Best Personalized Books le pertenece a Roberto Russo, quien la comercializa desde sus oficinas en Capital Federal. La aventura comenzó en 1993, cuando Roberto y su mujer debieron buscar una actividad para desarrollar desde su casa que no demandara una estructura importante. Con ese objetivo, Russo viajó al exterior para buscar alternativas de negocios. Así conoció Best, la empresa que desde Dallas, Texas, vende libros infantiles prefabricados en más de 50 países y que cuenta con miles de socios en todo el mundo. “En el año 1995, luego de haber vendido 100.000 ejemplares, obtuvimos la licencia de la distribución y la franquicia para la Argentina -explica Russo-. La verdad es que el negocio nos ha dado sólo satisfacciones. Para comenzar a publicar y vender, sólo hace falta una PC, una impresora láser de tóner negro y una abrochadora. Los libros se encuadernan y se arman en tres minutos.”

Celebrando vidas

En 2001, Eduardo Zemborain tuvo una idea: crear una editorial que se especializara en recoger la historia de personas y de empresas, en ediciones privadas de altísima gama, hechas a medida. Su primer proyecto fue la biografía no autorizada de su propia esposa, Victoria Randle. Se la regaló para su cumpleaños número 40. A partir de entonces, juntos han realizado más de 300 libros y han consolidado uno de los emprendimientos mejor concebidos en su ramo: My Special Book, algo así como el último grito de la moda en ediciones especiales.

“Nosotros no trabajamos como los nuevos sitios de Internet, donde podés subir tu material. Eso también es preservar historias, pero está hecho a la ligera. My Special Book es como si tuvieras la gran editorial Taschen trabajando para vos. Taschen hace libros fantásticos para el circuito comercial; nosotros hacemos libros fantásticos para vos”, dice Eduardo Zemborain desde la coqueta casa de San Isidro en la que funciona la editorial. Y completa su idea: “Un libro malo no cumple con su objetivo. Por eso, la autoedición tiene un límite concreto. Si el libro es malo, no lo va a leer nadie”.

Eduardo y su mujer se esfuerzan por lograr niveles de calidad muy elevados en la realización de cada título. “Lo que nosotros hacemos es una celebración. La de una vida, la de una familia, la de un equipo. ¿Cuál es el precio de eso? No sé cuánto cuesta. Cuesta como una fiesta. Nosotros no vendemos un objeto, como los que hacen ediciones de autor. Vendemos una experiencia; la posibilidad de que una historia importante permanezca para siempre”, asegura. Zemborain es vicepresidente de la Personal Historians Association, la organización que se encarga de nuclear a quienes componen el fabuloso mundo de loslife catchers, los cazadores de vidas, que recopilan en distintos formatos historias de hombres y mujeres para que no se pierdan en el olvido.

“Yo me imaginé una empresa y luego busqué un modelo que pudiera copiar. ¡Y no encontré ninguno! De hecho, aún hoy no encuentro empresas similares a la nuestra. Gente que hace libros hay muchísima, pero no empresas consolidadas que se dediquen a celebrar vidas. Así que dijimos: hay que ir por esto. Nos tomamos un año entero para desarrollar la metodología y patentar los procesos, y desde entonces no paramos más”, explica Victoria Randle, que está a cargo del área comercial del emprendimiento.

Un viaje a Groenlandia, la historia de una madre, un perfil del mejor amigo, la vida de un coleccionista de bastones: todos pueden ser temas para My Special Book, tan diversos como la vida misma. Estos libros hechos a medida están pensados para un público exigente, dispuesto a desembolsar por ellos, en promedio, entre siete y veinte mil dólares. “Vos podés escribir la historia de tu familia, pero si está mal enfocada o mal escrita, ni te gastes en hacerlo. Nosotros somos costosos, pero hacemos el trabajo muy bien. Lo que ofrecemos no es un libro, sino la posibilidad de preservar historias de vida. Por eso, es difícil ponernos a nosotros junto a las editoriales de autoedición”, dice Zemborain.

Incluso el idioma no parece ser un obstáculo para My Special Book, que desde un principio se pensó “como un negocio internacional”. Y aunque en los últimos nueve años han producido libros en italiano, español, inglés, holandés, francés, portugués y alemán, el grueso de la demanda llega desde la Argentina. En 2010, Zemborain y su mujer han decidido dar un paso decisivo y lanzar su primera apuesta comercial al mercado. Se trata de Buenos Aires ayer y hoy , un libro que combina en textos y fotografías la huella del paso del tiempo sobre la arquitectura de la ciudad. “Tardamos seis años en decidirnos a hacer el primer libro comercial y dos años en realizarlo, pero cuando lo conseguimos, obtuvimos el mejor resultado -se jacta Victoria-. El libro está primero en ventas en su categoría en las góndolas de Yenny, y eso nos pone muy contentos.”

Según Eileen Gittings, el negocio digital de las ediciones por demanda es el más redituable de los muchos que ha llevado adelante. Y no es poco decir, puesto que Gittings tuvo una larga trayectoria como directiva en Kodak, Wall Data, Personify y Verb, entre otras compañías. Los 45 millones de dólares en ventas que la empresa Blurb registró en 2009 son un ejemplo de ello. El hecho de que haya aumentado su volumen de facturación un 50% cada año desde su fundación, en 2006, es otro motivo. Sólo en 2009, Blurb produjo y entregó 1,2 millones de libros. Lo que equivale a decir un libro cada 1,1 segundos. “A pesar de la crisis económica, nuestro negocio crece porque, cada vez más, la gente alrededor del mundo está ansiosa por contar su historia. Preservarla en un libro significa que esa historia es importante para vos”, dijo Gittings.

Ella comenzó su emprendimiento en 2006, luego de enfrentarse a los problemas de crear sólo cuarenta copias en alta calidad de un libro bien diseñado y encuadernado que ella misma había producido. Su deseo era que tuviera la misma calidad que un libro que se encuentra en las librerías, pero sólo en cuarenta ejemplares. Luego de comprobar que la operación era excesivamente cara y que la mayoría de las imprentas se mostraban renuentes a aceptar el trabajo, decidió crear Blurb. Y no ha dejado de crecer desde entonces.

En palabras de Geoffrey Fowler, delWall Street Journal: “Tal como los blogs han golpeado el negocio de las noticias y YouTube ha desafiado a la televisión, las ediciones digitales están creando una nuevo y poderoso nicho que amenaza a la industria editorial tradicional”. Es que, afirma Fowler, las llamadas “ediciones de vanidad” ( vanity editions ), despreciadas por el establishment del mundo editorial, han demostrado una asombrosa capacidad de crecer en los márgenes.

El caso de Eileen Gittings guarda algunas similitudes con el de Bob Young, creador y director de Lulu. Young, que es un viejo gurú del software open source y que tiene un pasado exitoso como emprendedor (es el fundador de Red Hat), se ha resuelto a declararles la guerra a los grupos editoriales tradicionales y a su política de rechazos. En ese plan, unos años atrás, decidió hacerse el escritorio de su oficina y hasta su silla con los remanentes de su propio libro, Under the Radar . El objetivo; poner en evidencia la ineficiencia de las editoriales tradicionales y la conveniencia de las ediciones por demanda. Lulu se ha propuesto poner contra las cuerdas a las grandes editoriales. Y detrás de esa bandera se ha encolumnado un buen número de sitios que también ofrecen la posibilidad de editar y comercializar libros sin costo inicial y por los que el autor percibe el 80% de las regalías. Bubok (que ahora también opera desde la Argentina), XinXii, de Alemania, iUniverse y iPublish hacen lo mismo y lo acompañan en el mismo combate.

“Lulu es una empresa de publicación de contenidos digitales en Internet que pone en manos del autor el poder para decidir sobre su obra. Se eliminan los intermediarios y, con ellos, los costos iniciales que los autores deben asumir en el modelo tradicional. El modelo de negocio de Lulu es similar al que ha utilizado Apple en el mundo de la música: usar la Red para reducir los costos y transformar el modo en que los libros se producen y venden”, aseguró Young.

“ES BUENO QUE LA GENTE ESCRIBA”
Para Guillermo de Urquiza, director de la empresa, “Dunken es un todo”

-¿Cómo comenzó Dunken?

-Yo vengo de una familia de libreros, nosotros teníamos una librería de libros usados que fue creciendo y que empezó a hacer algunos trabajos de imprenta. La verdad es que la demanda surgió de los mismos clientes de la librería. Nosotros sacábamos catálogos y la obra de algún autor aislado, como para darle más prestigio al local. Pero fue la gente la que empezó a pedir que les editáramos sus obras. Y la empresa se formó alrededor de eso. Un tiempo después, nos dimos cuenta de que la gente también quería que sus libros se vendieran… Entonces comenzamos a comercializarlos, en nuestra librería primero, y luego en otras. Empezamos a distribuirlos, pusimos anuncios en el diario. Después pensamos en estar en la Feria del Libro.

-Como las denominadas “ediciones de autor” tienen, tradicionalmente, una expectativa de venta bastante baja, ¿qué sentido tiene la participación en la Feria del Libro?

-El concepto no es sólo vender, sino vender y difundir. Vender es lo más difícil pero no hay que quedarse sólo con la venta. No hay que olvidarse de que, antes que venderlo, el autor quiere que lean su libro. Estamos en el pabellón principal de la Feria y les damos un lugar a todos los títulos que publicamos en el último año. A veces hago la cuenta y pienso: si no hiciéramos todos estos esfuerzos en promoción, sería impresionante la cantidad de plata que ahorraríamos. Pero creo que la editorial Dunken es un todo. Y si hoy estamos publicando setecientos títulos diferentes por año es, justamente, por ese tipo de cosas.

-¿Qué es lo que le gusta más y qué lo que le gusta menos del rubro de las ediciones de autor?

-Lo que más me gusta es que no dejo de sorprenderme con esta actividad. Desde que empecé, yo llevo publicados unos siete mil libros. He visto pasar delante de mí miles de títulos y siempre hay algún tema que me sorprende: una investigación, una novela, un punto de vista. Me encanta también recibir a la gente cuando trae el material. Conversar con los autores es algo fascinante y conmovedor. Por eso, me duele mucho cuando algunos colegas atacan algo que es tan positivo. Lo que más me molesta es, justamente, ese prejuicio. Me parece que viene de no profundizar en un fenómeno enorme. Es el prejuicio de pensar: “Si se financió el libro de su bolsillo, debe de ser malo”. Eso me molesta.

-¿Considera que existe un boom de la autoedición en la Argentina?

-Creo que hay un fenómeno muy importante, un ritmo de trabajo que ya está instaurado desde hace unos diez años en el país. Nuestro eslogan, cuando empezamos, era que podíamos hacer ediciones desde 200 ejemplares, cosidas con hilo. En ese momento era muy costoso hacerlo, pero nosotros le buscamos la vuelta, adaptamos maquinaria y lo conseguimos. Después la cosa avanzó, aparecieron otras máquinas que te permitían hacer tiradas cortas, y demás. Y la gente pudo darles salida a libros que se hubieran quedado en un cajón, a un precio más accesible. En cuanto a lo interesante del fenómeno, más que el hecho de las ediciones de autor, me parece destacable que la gente escriba tanto y ponga tanta energía en tener sus cosas publicadas… aun sabiendo que las expectativas de venta serán módicas.

-¿Alguna vez consideró abrir un segundo sello por el que publicar sus propias apuestas?

-Hago mis apuestas desde Dunken. Además de las ediciones de autor, nosotros sacamos, desde este sello, unos 40 o 50 títulos originales al año. Así que hago mis apuestas desde Dunken. A veces me traen un original y yo pienso: “Este libro es un golazo”. Y me tiento con la idea de jugarme. Pero, si tengo que decir la verdad, si hubiera publicado cada libro que me gustó y me tentó, me habría fundido económicamente. Además, no hay que perder nunca la mira de nuestro objetivo inicial, que es canalizar las obras de los autores noveles.

CUANTO CUESTA UNA EDICION PRIVADA

Según informan en la editorial Dunken, ellos hacen 200 ejemplares de un libro de 160 páginas, en tapa blanda, cosido con hilo y con “todos los servicios de difusión incluidos” por 6300 o 6808 pesos, según las características de la tapa y del solapado. En De los Cuatro Vientos, un libro similar cuesta 7050 pesos. La Fábrica de Libros, la editorial de Elpidio Isla, tiene, por su parte, una oferta de cien libros pocket de 80 páginas cada uno, pegados con cola, por 2300 pesos.

Según Pablo Albornoz, de De los Cuatro Vientos, la cantidad de ejemplares es uno de los factores determinantes en el precio. Tal como le explicó a adn , “el precio de un libro depende de la cantidad de ejemplares. Puede bajar de 40 a 16 pesos según se impriman doscientos o mil ejemplares”.

Además, Albornoz opina que, en cuanto a la relación entre el precio de tapa y el costo de producción, una editorial debe mantener una relación de seis a uno. “Antes se multiplicaba por cinco. Hoy, si multiplicás por cinco, quebrás. Hay algunos que lo multiplican hasta por siete. Cambió tanto la relación de costos que el negocio se transformó”, asegura.

Hacer un libro por demanda puede ser más caro comparativamente, pero también puede resultar una idea tentadora. Por ejemplo, en el taller gráfico Py-Media, producir un ejemplar de 100 páginas, tamaño A5, en papel obra de 80 gramos y con hojas pegadas, no cosidas, en blanco y negro, cuesta 21 pesos. Hacer el mismo libro en color cuesta 81 pesos.

En cuanto a los libros infantiles personalizados, los precios van de 54 y 70 pesos para las ofertas de Best hasta los 89 pesos de Bibliográfika, a través de su sitio de ventas en la página web de Falabella.

Books For You tiene una oferta distinta. Desde su casa, Sol ofrece libros personalizados con encuadernación artesanal. Se procesa el libro desde cero y ella misma se encarga de toda la manufactura: realización, encuadernación y edición. Cada ejemplar es único y está hecho a mano, con materiales libres de conservantes químicos. Los precios van de 500 a 5000 pesos.

En My Special Book, por su parte, si bien no hay precios prefijados de antemano, la mayoría de los proyectos se ubican en un rango que va de 7000 a 20.000 dólares. Sin embargo, la editorial es flexible: en casos especiales, el límite inferior puede bajar a 3000 dólares, y el superior puede subir a 70.000.

Fuente: Ezequiel Vinacour para La Nación

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