Nueva York… reciclarse o morir

Con el auge de los libros electrónicos, las librerías de la ciudad de los rascacielos se tienen que adaptar para sobrevivir.

Una joven regentaba una librería en Nueva York especializada en libros infantiles. Aunque ponía todo su empeño, y aunque sabía más que nadie de lo que vendía, organizaba lecturas dramatizadas y trataba directamente con sus clientes, su modesto negocio familiar se veía amenazado por una gran e impersonal cadena de librerías. Puede que esta historia resulte familiar, ya que se trata del argumento de una película de 1998, “Tienes un e-mail”, interpretada por Meg Ryan y Tom Hanks. Pero también es parecido a lo que ocurría de verdad a finales de los años noventa con estas grandes empresas y las pequeñas librerías. Aunque esta cinta no es muy antigua, si la filmaran ahora sería muy diferente.

En la película, para rematar el asunto, los protagonistas mantenían una relación por Internet sin saber que eran rivales en la vida real. Quizá esa historia de amor funcionara todavía en la pantalla, pero no la trama de los comercios. Las grandes cadenas que en los años noventa devoraron muchas pequeñas librerías como la de la cinta están en crisis.

El pasado febrero, Borders, la segunda mayor cadena de librerías de Estados Unidos, se declaró en bancarrota, y ahora se encuentra en proceso de cerrar la tercera parte de las más de 650 tiendas con las que contaba. Otras librerías, algunas más pequeñas que Borders, están resistiendo mejor.

BIBLIOTECAS PORTÁTILES

El sector de los libros tradicionales pasa por un momento difícil por el auge en la venta de los electrónicos. Según datos de la asociación de editores norteamericanos, en febrero se vendieron más libros electrónicos que en papel, y en lo que va de año las ventas de libros electrónicos crecieron un 169,4 por ciento, respecto al mismo periodo de 2010, mientras que las de libros impresos descendieron  un 24,8 por ciento.

A Barnes and Noble, la cadena de librerías más grande del mundo, no le va tan mal como a Borders, su antigua competidora, ya que comenzó antes a adaptarse a lo que ocurría en el mercado. Después de tres años de caídas en sus ventas, Barnes and Noble anunció a principios de este año un crecimiento gracias a la demanda de su lector electrónico, Nook.

Otra librería que se apoyó en las nuevas tecnologías para seguir existiendo es Lectorum. Esta librería llegó a ser la más grande de Estados Unidos especializada en libros en español, pero en 2007 cerró las puertas de su sede física en la calle 14 de Manhattan, ahogada por el descenso en sus ventas y el aumento de los alquileres.

“No vamos a abandonar a la comunidad latina, porque reforzamos nuestra actividad en internet”, dijo entonces a Efe su presidenta, Teresa Mlawer.

Desde 2008  la promesa de Mlawer se concretó en la página web http://www.librerialectorum.com, que ofrece un catálogo de unas 25.000 publicaciones, además de información sobre novedades y la posibilidad de contactar con un librero para obtener consejo, entre otros contenidos relacionados con el mundo hispano.

Desde esta firma se promueven diversos actos culturales, entre ellos el previsto para finales de mes con la autora Pat Mora, que acaba de publicar el cuento ilustrado bilingüe “Book Fiesta!”, y que cuenta con el respaldo del Día de los Niños/Día de los Libros que se celebra a finales de abril.

También en primavera, se celebra en Nueva York uno de los eventos más relevantes del mundo en el sector de los libros: la Feria del Libro de EU, conocida como Book Expo America (BEA), en la que el español tiene una presencia destacada. Este año, del 23 al 26 de mayo, alrededor de un centenar de expositores ofrecerán títulos publicados en este idioma.

UN LUGAR ESPECIAL

Pero no todas las librerías pueden permitirse fabricar sus propios lectores electrónicos, por lo que están desarrollando o potenciando otras características para sobrevivir. Es el caso de Bluestockings, una librería especializada en temas feministas y de izquierdas situada en el barrio neoyorquino de Lower East Side.

Este local, de propiedad colectiva, cuenta con una cafetería y funciona además como un centro cultural que organiza charlas, proyecciones, lecturas y debates a los que se accede de forma gratuita o mediante una donación.

“Con tanta gente comprando libros en Internet es difícil para las librerías pequeñas, pero este es un lugar bastante especial”, señaló a EFE una de las colaboradoras, Lee Lemus.

Además, hizo hincapié en cómo valoran los vecinos el hecho de disponer de un lugar como Bluestockings en la zona: “La comunidad nos ve no sólo como una tienda, también como un centro cultural, vienen para conocer a otra gente, para las actividades”, explica.
De momento, llevan más de una década en marcha y sus propietarias aseguran que no piensan cerrar.

Aunque su dueña también subraye la idea de “comunidad” para amantes de los libros, The Strand es muy distinta a Bluestockings, y con dos centenares de empleados y un catálogo de más de dos millones de libros, no se puede considerar exactamente una pequeña tienda. Es, no obstante, un negocio familiar que comenzó su andadura en 1927 y hoy es propiedad del hijo del fundador y de su nieta, Nancy Bass-Wyden, que se encarga personalmente de la tienda.

Bass-Wyden reconoce que han notado un descenso en las ventas, pero asegura que son fuertes todavía. “Comprar aquí es una experiencia, venir y rebuscar entre los libros es como si se buscara un tesoro”, explicó a EFE. Además de vender libros nuevos, usados, raros, dedicados o primeras ediciones, The Strand organiza charlas, debates y encuentros con escritores, siempre gratuitos, en su gran sede en Manhattan, un edificio entre Broadway y la calle 12 que ha servido de escenario para diversas películas, entre ellas “Tienes un e-mail”.

La propietaria no tiene una mala opinión de los libros electrónicos, ya que considera que “son eficientes y hacen que la gente lea”, pero no cree que el único futuro de los libros esté solamente ahí.

“Con un libro electrónico no puedes tener una copia dedicada, y los libros de gran formato, como los de arte, no son lo mismo en formato digital”, declaró a EFE.

Las cifras que maneja la asociación de libreros le dan en parte la razón. Los datos muestran que los libros de tapa dura, por lo general más atractivos, están resistiendo mejor: Sus ventas descendieron en enero un 11,3 por ciento, mientras que las de bolsillo lo hicieron un 19,7 por ciento respecto a enero de 2010.

En un momento en el que ni las grandes empresas ni las pequeñas tienen muy claro lo que va a ocurrir, la librería Greenlight, situada también en Nueva York, en la zona de Fort Greene, en Brooklyn, representa otro modelo de negocio que ha abrazado las diversas formas de vender libros.

Dispone por un lado de una selección cuidada de libros en papel, con especial atención a los autores locales y a la poesía; organiza encuentros literarios y firmas de libros, pero también vende libros electrónicos, al contrario que la mayoría de librerías pequeñas e independientes. Este local nació en 2007, “un buen momento para abrir”, según dice una de sus copropietarias, Jessica Stockton, con una sonrisa amplia y sin sombra de ironía. La de alguien que ama vender libros, y que piensa seguir haciéndolo mucho tiempo, sea en papel o en archivos informáticos.

DESTACADOS:

* El sector de los libros tradicionales pasa por un momento difícil por el auge en la venta de los electrónicos. Según datos de la asociación de editores norteamericanos, en febrero se vendieron más libros electrónicos que en papel, y en lo que va de año las ventas de libros electrónicos crecieron un 169,4 por ciento, respecto al mismo periodo de 2010, mientras que las de libros impresos descendieron  un 24,8 por ciento.

* Además de vender libros nuevos, usados, raros, dedicados o primeras ediciones, The Strand organiza charlas, debates y encuentros con escritores, siempre gratuitos, en su gran sede en Manhattan, un edificio entre Broadway y la calle 12 que ha servido de escenario para diversas películas, entre ellas “Tienes un e-mail”.

* Para la portavoz de la librería Bluestockings: “la comunidad nos ve, no sólo como una tienda, también como un centro cultural, vienen para conocer a otra gente, para las actividades”. De momento, llevan más de una década en marcha y sus propietarias aseguran que no piensan cerrar.

Fuente: Vanguardia

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