Segunda edición del Festival de Santillana

La segunda edición del Festival de Santillana conjuga diferentes aspectos del mundo del libro.

Las imágenes de la sala Regina Coeli de Santillana del Mar parecen observar con atención los numerosos libros que, colocados en mesas en los laterales de la nave, esperan que unas manos amables los lleven a un nuevo lugar, los abran y dejen que su imaginación se pierda entre sus letras y vuele entre sus páginas. La Feria del Libro Ilustrado -una de las partes de la segunda edición del Festival Arte Libro- ocupa, hasta hoy, la sala del Museo Diocesano de Santillana del Mar, donde diversas librerías y editoriales de distintos puntos de la geografía española se dan cita para mostrar al público sus fondos. Mundanalrüido, la Librería del Puerto, El bosque de la Maga Colibrí, Librería De Bolsillo, La Hormiga Atómica o la editorial El jinete azul son algunas de las entidades que ocupan los stands de esta feria, donde la ilustración se mezcla con las letras para hacer del libro el protagonista absoluto. Así lo explica Ainara Bezanilla, una de las organizadoras del Festival, «en principio el requisito es el libro ilustrado, pero lo hemos ampliado a varias pequeñas librerías que aman el diseño de un libro bien editado».
Asimismo, la sala RC no sólo es el escenario de esta oportunidad de acercamiento entre editores, libreros y lectores sino que las pequeñas joyas de arte de la empresa Antico Valore y de Artpapel -ambas italianas- tienen un hueco en el espacio de la villa. Ambas han impartido talleres durante los cuatro días del Festival, resaltando que el libro es mucho más que un mero conjunto de páginas y que puede convertirse en una auténtica obra de arte.
El contraste de temperaturas entre el exterior y la sala es bastante notable y si en las adoquinadas calles de Santillana son muchos los que portan un papel que hace las veces de abanico, el interior de la sala RC invita a ponerse una chaqueta. Las empresas asistentes a la Feria del Libro Ilustrado se organizan en forma de semicírculo, dejando el altar en manos de unos pequeños que han decidido realizar sus propias labores empresariales. «Son mis niños, y han pensado en hacer unas ilustraciones para venderlas», explica, entre risas, Lara Meana de la librería El Bosque de la Maga Colibrí de Gijón. Aunque comenzó su relación con los libros en las bibliotecas, comenta que hace cuatro años decidió abrir su local donde combina la librería «especializada en literatura infantil, juvenil e ilustración con talleres de animación a la lectura» y además trabajan con niños, con padres y profesores lo que les aporta «otra perspectiva de cómo funcionan los libros».
A Lara Meana, su querencia por los libros de ilustración le viene de sus tiempos de bibliotecaria, cuando averiguó que «la sección infantil era todo un mundo por descubrir» y allí se encontró con una de sus pasiones: los libros ilustrados. Unos ejemplares «incomprendidos porque es un género desconocido y porque existen una serie de prejuicios ya que cuando la gente piensa en libros, piensa en letras». Sin embargo, admite que «la interpretación de las imágenes es complicada y, a diferencia de los niños, los adultos estamos poco entrenados».
Esa carencia hace que el libro ilustrado sea considerado un género menor y, como explica Meana, sea «difícil verlo como un negocio». Sin embargo, Antonio Ventura se lanzó al complicado mundo editorial en plena crisis, hace casi un año, y a galope ha conseguido que su editorial, El jinete azul, se haga un hueco en el complicado mundo de la literatura.
Tras trabajar durante años en Anaya, un revés en forma de despido dio alas a Ventura para aproximarse a algo que siempre había querido: montar su serie editorial, «la ilusión de toda mi vida y poder publicar los libros que creo». Así, después de doce meses, El jinete azul ya cuenta con cuatro colecciones cubiertas y todas ellas han venido a Santillana de la mano de Ventura: «Traemos nuestro fondo, desde que nació la editorial hemos publicado 15 libros que se incluyen en nuestras cuatro líneas editoriales: la poesía, la novela gráfica, el álbum ilustrado y la literaria».
Para este editor, el álbum ilustrado es «un objeto estético en el que se mezclan la imagen y la palabra y se produce un género con una sintaxis y unas características propias» y que además «sirve como una herramienta muy atractiva para introducir a niños y jóvenes en el mundo de la sensibilidad».
Mezcla de estilos
Además de libro ilustrado, en la sala RC se encuentran librerías y editoriales más enfocadas al ámbito de la palabra impresa. Desde Pamplona llega el colectivo La Hormiga Atómica que cuenta con una librería-cafetería en la capital navarra. Explican que no son «una librería al uso, pues desde que abrimos hace tres años también nos decantamos por las obras de tintes sociales». Especializados en el mundo del ensayo, a Santillana han acercado diversos de sus ejemplares, donde destaca el ensayo ‘Túnez. La revolución’ de Santiago Alba Rico, «uno de los primeros libros que hablan de lo sucedido en el país árabe».
Por su parte, El Desvelo Ediciones ha acudido a Santillana con todo su arsenal e incluso aporta una novedad que aún no está en el mercado: su última publicación, un poemario de 1917 escrito por Siegfried Sassoon. Uno de sus responsables, Javier Fernández Rubio, explica que lo importante de acudir a esta Feria es «darnos a conocer». Algo similar le ocurre a Valentín Tejeiro. El propietario de la Librería De Bolsillo, de Gijón, explica que «es una iniciativa interesante y que debería hacerse en más sitios» pues la situación actual no sólo cuenta con el perjuicio de la crisis o los libros electrónicos sino también con la actuación de las grandes editoriales que «nos bombardean con novedades para luego descatalogarlas» en un proceso que no duda en calificar como «fugaz y superficial».
Tesoros del tiempo
A pocos metros de allí, las Casas del Águila y la Parra son testigo de un tiempo detenido. Libreros especializados en antiguo exhiben sus ejemplares. Una muestra que, en palabras de Alastair Carmichael -uno de los participantes y organizadores del encuentro de la Villa- se caracteriza por su «calidad, ya que aquí hay ejemplares de una categoría que jamás he visto».
El sector del libro antiguo es poco conocido para el gran público y aunque pudiera parecer elitista a ojos del que no lo conoce, los que lo integran parecen una pequeña gran familia. Llegados desde diversas ciudades de España, conversan y se relacionan en torno a pequeños tesoros de la literatura española como primeras ediciones dedicadas de los autores de la generación del 98 o del 27 o libros escolares con más de dos siglos de antigüedad.
Begoña González es la propietaria de la Librería de Lance en Bilbao y, aunque lleva más de 30 años dedicada al negocio, afirma que no sabe muy bien por qué se decidió por el libro antiguo: «Quizá porque me gustaban las cosas antiguas y el libro siempre me pareció lo más noble».
Pese a ser un sector poco conocido por parte de la población, González define al público asiduo al libro antiguo como «muy variado, es gente a la que le gustan las cosas bien hechas pues los libros de hace siglos tienen una belleza increíble que reside no sólo en la tipografía o las encuadernaciones sino también en el papel». Además, afirma que el público general se equivoca al pensar que el libro antiguo es más caro que el actual: «No tiene nada que ver, porque puede haber obras del siglo XVIII que sean mucho más baratas que una de 1930».
Con ella coincide una representante de la Librería Jiménez Bravo, del madrileño barrio de Chamberí quien afirma que todas esas conjeturas «se deben a la ignorancia pues el libro antiguo es algo minoritario pero no elitista». Además, temas concretos, autores conocidos y cuidadas ediciones hacen que «el coleccionismo» se una de las principales fuentes del libro antiguo.
Entre los pequeños tesoros que ocupan los stand de las Casas del Águila y la Parra, destacan unos libritos con tipografías y colores llamativos. Son ejemplares escolares que abarcan desde el siglo XVIII hasta la década de los 60. José Luis Carnota, propietario de la Librería El Galgo, de Oviedo los coloca con mimo sobre una mesa que hace las veces de expositor. Afirma que «desde hace unos años se ha reducido la afición por el libro antiguo» pero, coincide con sus compañeras de sala en señalar que el coleccionismo es la base del mercado de ejemplares antiguos: «A este mundo llegas por afición, porque te enseñan o te crean esa inquietud y luego cada uno lo orienta como le parece. Pero, en el fondo, los bibilófilos tienen más alma de coleccionista que de lector».
Amantes de la lectura, la edición y los libros en general que han acudido durante estos días a la villa para constatar que los ejemplares tienen su propia esencia y que los libros, por mucho que digan, están más vivos que nunca.
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