¿Esta el futuro del libro impreso en manos de las pequeñas editoriales?

El prestigioso y experimentado editor André Schiffrin publica «El dinero y las palabras.

El panorama no puede ser más desalentador. Crisis mundial, caídas en picado de los ingresos publicitarios, dudas sobre todo lo que huela a papel impreso, la irrupción de las nuevas tecnologías, el poder casi oligárquico de las grandes corporaciones editoriales, el mundo escrito a un golpe de click en Google… Sí, el panorama que el veterano y prestigioso editor André Schiffrin ofrece en su nuevo libro, «El dinero y las palabras» (Ed. Península) parece descorazonador para todos los amantes de la palabra impresa y, leyéndole, casi se podría decir de todos los que aman la palabra. Hace unos años, en «La edición sin editores» (reeditada ahora en este mismo volumen) Schiffrin, curtido durante treinta años en la Editorial Pantheon Books, una de las más reputadas de Estados Unidos, ya intuía una catástrofe, y parece certificarla con su nuevo trabajo. ¿Soluciones? No parecen fáciles. Ayudas del Estado, diálogo, buscar nuevos modelos.

Todo empezó, en el mundo editorial, cuando el viejo oficio de editor, artesanal, a menudo familiar, se convirtió en un negocio. André Schiffrin no tiene inconveniente en datar la situación en el tiempo. «Fue a partir del triunfo de Reagan y Thatcher y las tesis de un capitalismo extremo. Hasta ese momento, el modelo editorial barajaba una rentabilidad que se situaba entre el dos y el tres por ciento, pero a partir de entonces, con la llegada al mundo editorial de los contables y los marketinianos y la práctica desaparición de los editores literarios, la rentabilidad exigida comenzó a situarse entre el diez y el quince por ciento. Y esto afectaba no sólo a los grandes grupos, sino a cada editorial dentro de cada grupo, a cada libro dentro de cada editorial. Hasta entonces, las editoriales se mantenían publicando best-sellers que les permitían editar otro tipo de títulos de mayor calidad. Pero no sólo es el problema del cambio del oficio al negocio, es también un debate político, porque en ese momento las ideas empiezan a tener un valor rentable y las ideas que no son rentables económicamente desaparecen del mercado. Pensemos que el primer libro de Kafka vendió ochocientos ejemplares y el primero de Beckett apenas tres… así que la calidad fue lo primero en resentirse».

La Prensa escrita es otra de las grandes damnificadas de la crisis. Por supuesto, no se puede olvidar el nacimiento y desarrollo de Internet, las informaciones que circulan de forma gratuita por la red, pero como apunta Schiffrin, estamos sobre todo «ante un problema de la falta de publicidad en todos los medios, tampoco las web se salvan. Debemos preguntarnos cómo podremos sobrevivir a esta crisis o, incluso, yendo más allá, plantearnos un modelo de Prensa sin publicidad, como ya sucedió en otros tiempos, y no olvidemos que, al fin y al cabo, la publicidad no es más que un impuesto privado…».

Venta de información

Para André Schiffrin, fundador en 1990 de la editorial The New Press, sin ánimo de lucro, las grandes multinacionales, los oligogrupos «sólo buscan privatizar la información y venderla, como cualquier otra cosa», y sugiere que, tal vez, como la sanidad y la educación, la información «deba ser considerada un bien público y apoyada por el Estado». Igualmente, apunta que, hoy por hoy, el problema más grave de internet «es la falta de fiabilidad, la desconfianza que todavía genera. Es una herramienta, y como tal su uso puede no ser fiable. La Red puede difundir un bulo sobre Obama que se convierte en “realidad”, y a la vez el Gobierno chino paga a decenas de personas para que arremetan contra las webs y los blogs que le critican».

Sin embargo, al menos a corto plazo, y aunque el editor es sabedor de que la mayoría de los norteamericanos jóvenes piensan que en «diez años no habrá periódicos impresos», él no cree que «desaparezcan a corto plazo. El papel, para muchas personas aún tiene un gran prestigio». Es más, Schiffrin subraya el caso de la editorial francesa La Découverte, que publica sus libros en formato digital e impreso y «cuyas ventas en el formato tradicional no han disminuido». ¿Hablamos decididamente de especies en vías de extinción, o queda alguna esperanza? «Por supuesto —concluye Schiaffrin— el peligro es real, pero también están naciendo muchísimas pequeñas editoriales independientes creadas por gente muy joven, algunos prácticamente ni se ganan un sueldo, pero sin embargo sus libros son en muchas ocasiones los mejores y más arriesgados del del mercado».

Fuente: ABC

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