Se cumplen setenta años de la muerte de Virginia Woolf

La gran dama de la novela modernista británica nos dejó un legado literario impagable.

Hace setenta años, un 28 de marzo de 1941, la escritora londinense Virginia Woolf (nacida con el apellido Stephen el 25 de enero de 1882), escribía una carta de despedida a su esposo, Leonard Woolf. “No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo, esa es la frase que acababa el breve texto que precedió a su suicidio, donde la escritora explicaba su incapacidad para hacer frente a lo que ella llamaba “esta enfermedad“. Ahora sabemos que sus continuos cambios de humor y depresiones se debían a un trastorno bipolar que, desgraciadamente, no pudo superar. Virginia Wolf acabó sumergiendo su cuerpo en el río Ouse después de haber llenado su abrigo con piedras para no subir a la superficie. Actualmente, sus restos reposan incinerados en el condado de Sussex, bajo un árbol en Rodmell.

Recuperada durante los años 70 como uno de los estandartes del nuevo movimiento feminista, Woolf fue mucho más que una mujer-escritora: fue sencillamente escritora, de las mejores de su época, contribuyendo ampliamente a renovar la literatura británica y siendo, junto a autores de la talla de James Joyce o Marcel Proust, una de las autoras que establecería las bases de lo que sería la novela modernista de principios de siglo XX en su país. Ella, como fiel heredera de su época, intentó desligarse de la influencia realista para potenciar el psicoanálisis de los personajes (Freud estaba en su mejor época en esas fechas), empleando la vía del monólogo interior, que tan buenos resultados le dio en novelas como La señora Dalloway (1925) o Las olas (1931).

No se puede entender la trayectoria de la escritora sin mencionar el llamado Círculo de Bloomsbury, un grupo de jóvenes escritores, filósofos y artistas liberales e inconformistas, donde Virginia conocería a su marido y entablaría una amistad romántica con la también escritora Vita Sackville-West. De Bloomsbury nació la animadversión de Woolf por el racionalismo y el realismo, basculando hacia una tendencia mucho más introspectiva, donde la acción queda estancada en pro de los estados de ánimo de los personajes, las fluctuaciones de su conciencia y sus complicados procesos mentales. Ese es el caso de La señora Dalloway, donde el ritmo de la novela queda marcado por los pensamientos y angustias que acosan a los protagonistas durante una sola jornada. Precisamente, la experimentación con el tempo narrativo es una de las características de su prosa, como ya demostró en esa biografía-tributo a su amante Vita Sackville-West que es Orlando (1928): la historia de un personaje transgénero que vive cinco siglos, mezclando el tiempo de su conciencia con el devenir histórico.

Además de por sus rasgos estilísticos, Virginia Woolf es apreciada por mostrar, desde una óptica femenina y diferente, inquietudes y realidades de la época. Los nuevos roles de la mujer (Una habitación propia es, en este sentido, su aportación más conocida), la homosexualidad, los traumas de la guerra, los tabúes sexuales, las enfermedades mentales o la creación literaria son parte importante de su cosmología particular. Pese a los múltiples ensayos y publicaciones alrededor de su figura, la personalidad de Virginia Wolf sigue resultando, a día de hoy, igualmente fascinante. Es más, determinados pasajes de su vida nunca fueron aclarados del todo. No obstante, la mejor forma de acercarse a lo que realmente significó, son sus escritos. Y es que, como ella misma decía, “cada secreto del alma de un escritor, cada experiencia de su vida, cada atributo de su mente, se hallan ampliamente escritos en sus obra“.

Virgina Woolf, carne de ficción

Pese a que la pieza teatral de Edward Albee ¿Quién teme a Virginia Woolf? lleve su nombre en el título, lo cierto es que en ella no aparece ni se hace referencia explícita a la escritora. Otras obras de ficción, tanto literarias como cinematográficas, han tratado la vida o la obra de la autora de manera ficcionada, haciendo llegar su legado al gran público. Es por ello que, hoy por hoy, todo el mundo conoce de quién hablamos cuando hablamos de Woolf.

La aportación más relevante hacia la figura de la escritora quizás sea la del escritor y premio Pulitzer 1999, Michael Cunningham. Su novela Las horas se convirtió en uno de los acercamientos más sensibles y acertados al imaginario literario de la propia Virginia. El motivo de arranque es La señora Dalloway, novela que influenciará a tres generaciones distintas de mujeres cuyas voces se cruzan en el libro. La primera es la de la propia autora, escribiendo su más celebrado libro mientras lidia con su propia enfermedad mental. La segunda es la señora Brown, una frustrada ama de casa que prepara el cumpleaños de su marido. La tercera, Clarissa, una mujer lesbiana que prepara una fiesta en honor a su amigo y ex-amante, que se muere de SIDA. Las horas fue llevada al cine con éxito en 2002 por parte de Stephen Daldry.

Siguiendo en el cine, quizás sea la película de Sally Potter, Orlando (1993) una de las mejores adaptaciones que se conocen, no solo del universo Woolf, sino también del cine contemporáneo. Otra mujer, esta vez Marleen Gorris, emprendió la complicada tarea de adaptar La señora Dalloway, siguiendo la efectista línea de ese cine inglés encargado de las adaptaciones de sus más grandes escritores. Algunos ejemplos son la propia Sally Potter, David Lean (Pasaje a la India, de E.M Forster), James Ivory (Una habitación con vistas, Ídem) o Mike Newell (Sueños de abril, Elizabeth von Armin). Sea de una manera o de otra, recuperar la bibliografía de Virginia Woolf es siempre una actividad altamente recomendada.

Fuente: Que literatura

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