Sepultados por Internet

El que alguna vez fue un negocio exitoso, con modernos locales dotados de amplios espacios y un enorme surtido, todo en medio de cómodos sofás, café y montones de revistas para ojear, fue derrotado por internet y las ventas de Amazon, Google y otros competidores. Su rival, Barnes and Noble, se está salvando porque se subió temprano a la ola ganadora: los libros digitales y las ventas a través de la red.

Después de un incierto comienzo y de discusiones apasionadas y más o menos eruditas pero anacrónicas, el e-book ya es una realidad. Es el segmento más dinámico del mercado del libro. Se calcula que en Estados Unidos el 10% de los libros ya se vende por esta vía.

Pero los cadáveres no son sólo los vendedores de libros. Antes ya se habían quebrado Tower Records, la gran cadena tradicional de tiendas de música, y Blockbuster, una red especializada en arriendo y venta de películas. La música se compra y piratea a gran escala por internet. Lo mismo pasa, en forma cada vez más amplia, con las películas.

Pero eso no es todo. La asistencia a los salas de cine de Estados Unidos baja todos los años. En la década pasada, en ese país se perdieron casi 100.000 empleos de las agencias de viaje, cada vez más amenazadas por las ventas en línea. Wikipedia prácticamente ha acabado con las enciclopedias de papel. Y el mercado de revistas y periódicos se está transformado radicalmente a causa de internet. El New York Times comienza esta semana, y con buenos augurios, la venta de sus servicios online, un experimento que trazará el futuro de las ventas de periódicos en el mundo.

Los consumidores quieren y pueden adquirir directamente en la red una infinidad de productos, con menores precios, mayor comodidad y facilidad para seleccionar sus alternativas. Al sobrar una parte del comercio minorista tradicional, se está produciendo una enorme transformación que está dejando atrás a muchos de los triunfadores del pasado. El impacto definitivo de esta revolución sobre los negocios, la cultura, el empleo, la finca raíz e, incluso, la arquitectura de los centros comerciales todavía está por verse.

Al liberarse del poder que ha tenido sobre él el comercio tradicional, el consumidor que utiliza internet con libertad y destreza está recibiendo gratis una serie de productos —libros, música, películas, televisión—, en buena parte pirateados. El bienestar de mucha gente, por lo tanto, ha subido en forma notable a costa de los comerciantes que luchan por sobrevivir y de aquellos que no son capaces de capturar todo el valor de sus productos, el mismo que se les escapa por las múltiples rendijas de la red.

Aunque el impacto político de las redes sociales de internet es altamente discutible, no pocos analistas piensan que estos instrumentos no sólo ayudaron a derrumbar a Borders y Tower Records, sino también los regímenes dictatoriales de Egipto y Túnez. Nadie, a estas alturas, pone en duda que ellos son un potente vehículo de movilización social y de transmisión de información que puede conectar a miles de personas aisladas y animar procesos colectivos. Sin embargo, no es claro si podrán ser manipulados a su antojo por regímenes autoritarios y por fuerzas monopólicas del mercado, lo que, a la postre, terminaría limitando aún más la libertad de los idividuos.

Fuente: Armando Montenegro para El Expectador

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