ciberliterato o simplemente un provocador

Tao Lin, de 24 años, es la gran promesa de las letras estadounidenses. Sociópata y adicto a Internet, subastó en eBay los royalties de su primera novela.

Cinco y diez de la tarde de un sábado de principios de marzo. Tal y como ha dicho vía SMS, el escritor de 24 años Tao Lin viste camisa rosa y un hoodie azul y está apoyado en el lado sur de la fuente de Washington Square. Llegó diez minutos tarde. Harvey Joey Osment, el protagonista de su novela Richard Yates (Alpha Decay) -que toma su alias prestado del niño actor de El sexto sentido – se enfada cada vez que su novia se retrasa en recogerle. Se conocieron en un chat. Ella, Dakota Fanning -como la actrizvive en Nueva Jersey y es menor. Él estudia en la Universidad de Nueva York. A lo largo de las cerca de 200 páginas de este libro, el tercero que Lin firma, se construye su historia de amor cargada de humor seco y tedio adolescente, que fluye en gran medida a través de conversaciones por Internet.

El retraso no parece haber enojado al autor, probablemente el primero que ha sabido salvar la distancia entre el papel y las pantallas, en sus libros y en su carrera como escritor. Lin subastó por eBay los royalties de su novela. Describió su boda en Las Vegas en una revista digital y cobró 2.000 dólares. Con su esposa, a la que conoció por Internet, Megan Boyle, fundó la productora MDMA. Ruedan vídeos en su ordenador después de haberse drogado y los venden a 20 dólares. Ella anunció en Twitter que esnifaba de sus genitales.

Es decir, provoca, pelea, se expone y va construyendo su reputación. Su madre le sigue desde Taiwán y solo se inquieta cuando hace referencia a las drogas. Su padre, físico especializado en láser, no presta tanta atención. “No hay peligro en Internet, el daño físico no es una posibilidad. Peligroso es la comida de McDonald’s o conducir”, dice sentado en una cafetería en los alrededores de Washington Square, mientras bebe un té verde de jazmín.

Como escritor, Lin reconoce que supuso un reto hacer una novela después de tanto tweet: “Piensas que la gente ya lo sabe todo sobre ti”. Edita cada tweet con esmero y planea reunir algunos en un libro de poesía. Le gusta el ritmo del chat porque es “lento y uno puede siempre regresar al principio”. Los personajes de Richard Yates encuentran ahí la mejor manera de comunicarse: “Se sienten más creativos y en sus conversaciones lo exageran todo”.

Lin es defensor del tedio y por eso no conectó con La red social; “es poco realista, está contada de forma muy dramática, han editado las partes aburridas”. Su novela, asegura, es en gran medida autobiográfica. ¿Cómo definiría a su personaje en la Red? “Intento hacer lo que quiero en cada momento y no sentirme condicionado por ideas preconcebidas, para no sentir ansiedad social”.

Sorprende la timidez de Lin al separarse del ordenador. Dice que escribe con la misma

fluidez con la que piensa y que nunca tomó la decisión de ser poeta o escritor. Simplemente, en tercero de carrera, pensó en juntar sus historias en un libro. Más adelante trabajó en restaurantes y bibliotecas. Ahora su principal objetivo es no tener que volver a tener un empleo. Las subastas en eBay le han ayudado en parte a conseguirlo. “Internet lo hace todo más fácil. Puedes discutir y decir cosas muy graciosas. No podría cara a cara con alguien que yo pensara que me odia”. Asegura que lo que más ayuda para escribir es no tener amigos, ser un solitario y así te evitas pensar en otros. ¿Es Internet un buen refugio para las ansiedades? “No, la angustia está en la literatura. La web te permite ser desagradable con otra gente”, afirma.

Empezó a chatear en el instituto. Se refiere con nostalgia al pasado cuando trata el asunto de los blogs. “Antes todos tenían uno y todos nos leíamos. Ahora se usa Twitter y Tumblr. El blog está muerto”, proclama. Él no imagina hacer un libro en el que no aparezca Internet. Trabaja con un Mac y con un iPhone, no tiene lector de libros electrónicos. No recuerda la última vez que pasó un día sin wifi. Jamás usa el chat de Skype y evita las conversaciones telefónicas. “El e-mail es mucho más eficiente, te evitas tener que saludar o preguntar como está la otra persona, todo está claro y nunca se pierde lo que has dicho”, argumenta. Piensa que el hecho de que las polémicas que ha tenido en Internet queden registradas para siempre es lo mismo que si vas a una fiesta y te peleas con alguien: la gente se acuerda. Estudió periodismo en la Universidad de Nueva York, pero la mayoría de las clases que tomó eran de escritura creativa. Se graduó en 2005. “Pero eso no importa, sigo viniendo cada día a la biblioteca. Paso entre 10 y 12 horas diarias frente al ordenador”, dice antes de despedirse y emprender el camino de vuelta a la biblioteca este sábado noche. Unas horas después comenta vía Twitter: “Siento que solo quiero transmitir ‘no lo sé’ y ‘no tengo nada que decirte’ en mensajes incesantes, convincentes, increíblemente poderosos”.

Fuente: El club de los Baneados

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