Isabel Mellado aúna la literatura y la música en su ópera prima

La escritora chilena Isabel Mellado define su ópera prima, “El perro que comía silencio”, como un conjunto de cuentos caracterizados por un tono melancólico, aunque “contento”. Una obra que aúna sus dos pasiones: la literatura y la música.

Mellado procede del mundo de la música, y gracias a la beca Karajan pudo hace veinte años instalarse en Alemania y perfeccionar sus estudios con el Concertino de la Orquesta Filarmónica de Berlín.

Una estancia que la obligó durante años a escribir en alemán; por ello, su llegada a España, explica en una entrevista con Efe, significó “la celebración del lenguaje y de los sentidos”.

“Necesitaba escribir”, añade Mellado, una persona que no es ajena al mundo de las letras, pues su padre fue poeta y quien le incentivó “el amor por la literatura”.

Esta convencida de que ambas disciplinas, la música y la literatura, “requieren mucha vocación”, y por eso debió organizar “muy bien” su tiempo cuando escribió el texto, que ahora publica “Páginas de Espuma” y que también aparece en la antología “Velas al viento”.

Una época que recuerda como “torrentosa”, aunque asegura que el libro surgió “lento” como un “flujo natural”.

Y para dar forma a sus reflexiones y emociones Isabel Mellado optó por el cuento.

“No fue una elección consciente, me interesa dentro de la escritura cierta flexibilidad, además cada texto busca su extensión, y en este caso salió un libro de cuentos”, asegura.

“El perro que comía silencio” se presenta a modo de una pieza musical con tres movimientos: “Mi primera muerte”, “La música y el resto” y “Huesos”.

En “Mi primera muerte”, detalla la autora, se abordan asuntos como “el amor y sus alrededores” o la soledad. También toman vida animales como un perro u objetos como un espejo o un cuadro.

Y esa animación de los objetos quizás provenga, reconoce la autora, de haber convivido “con un instrumento más que con cualquier persona”, señala la violinista.

La influencia de la música recorre todas las páginas del texto pero es en el segundo apartado del libro donde se hace patente, donde se convierte en “la única certeza” en relatos como “La nota larga” o “Elvis”.

Con “Huesos” la autora quería poner el contrapunto lúdico. Se trata de una serie de aforismos o greguerías que Mellado acompaña de pequeños dibujos hechos en su pantalla de teléfono móvil en los descansos de sus ensayos.

“Adoro la palabra precisa en el momento justo y como un músico trabaja horas y horas en dos o tres notas para darles énfasis a veces una palabra no puede ser reemplazada por otra”, asegura esta escritora, quien ahora divide su tiempo entre la sureña ciudad de Granada y Alemania.

Pero no sólo las palabras tienen importancia para Isabel Mellado, también los silencios. “El silencio del hueso, el de un beso, el de los cónyuges, (…)”.

“El perro que comía silencio” ha sido valorado por escritores como el argentino Andrés Neuman o el español Eloy Tizón. “He tenido mucha suerte que hayan creído en mi obra, porque soy consciente de que vengo de otro arte, no soy escritor pura sangre, soy músico y ahora escribo”, reconoce.

Convencida de que la música y la literatura se “nutren la una a la otra”, anuncia que su tiempo lo dividirá a partes iguales para cada una de las disciplinas.

Y ello para un fin: hacer al lector pensar en algo y causar la alegría, la emoción y el entusiasmo que ella sintió desde mucho antes de sentarse a la computadora a redactar un libro que oscila entre el “pianissimo” y el “fortissimo”.

Fuente: ADN

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